Otoño en Andrómeda

Para. No me mires así, que no hay motivos para esta revolución. Parece que olvides mi condición volátil cuando estás cerca. La luz suave, la persiana a medio bajar y la puerta cerrada, como nos gusta. Que nada de lo que pase aquí se escape. No sabes cuánto te busqué. Sin saberlo y a tientas, como Julio. Nos encontramos donde los paralelos dejan de serlo y fluyen con la línea infinita. Nunca pensé que pudiese presenciar el otoño de Andrómeda. Todo es absolutamente igual, solo que nosotros no ardemos como lo hace el mundo. Llévame por el camino de baldosas amarillas de tu cuerpo y abandóname a mi suerte. Toma mis papeles. Hazme perderlos y deja que lo más bonito se nos vaya de las manos. Después del huracán, te diré que te he visto desde el otro lado del mar y que nunca el norte había estado tan lejos. Te contaré cómo es el invierno y cómo la oscuridad lo es más sin ti. Ahora que la realidad revive, que la lluvia nos golpea y en el suelo se amontonan las hojas que indican nuestra caducidad, solo quédate, que lo demás me sobra.

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