Tokio blues: nostalgia y juventud japonesa

Portada Tokio Blues
  • Editorial: Tusquets Editores
  • Páginas: 392
  • Edición: 2016
  • Género: Narrativa
  • Autora: Haruki Murakami

¡Hola, nómadas!

Hoy os hablo sobre una de las novelas más emblemáticas de Haruki Murakami: Tokio Blues.

Sinopsis

Toru Watanabe es un ejecutivo nipón de 37 años que, al aterrizar en Europa, escucha por los altavoces del aeropuerto una canción de los Beatles. La música le hará retroceder a su juventud en el Tokio de finales de los años 60. Con nostalgia y desasosiego, Watanabe recuerda a Naoko, Kizuki –su mejor amigo y pareja de Naoko hasta que se suicidó– y el duro reencuentro entre la joven y él un año después.

Reseña – Tokio blues

Qué tendrá el arte, que, a través de una canción descrita en un libro, podemos viajar en el espacio-tiempo al Japón de finales de la década de los sesenta.

Con esta premisa, Murakami nos sume de lleno en una historia que tiene como telón de fondo el sexo, el amor y la muerte. Y, todo, concentrado alrededor de la juventud. De lo duro que resulta ser joven en una sociedad que etiqueta y juzga cada uno de tus actos.

Aprovecha el literato para realizar una crítica severa a esa juventud “revolucionaria” que, en la universidad –o cualquier ámbito–, enarbola la idea de rebelión y liberalismo pero que, a los que no piensan como ellos –o directamente no entienden el mensaje–, los etiquetan rápidamente o juzgan sin profundizar en sus raíces.

«Cuando ingresé en la universidad, entré en un club de música folk porque me apetecía cantar. Pero aquel sitio estaba lleno de impostores. Cuando me acuerdo de ellos, se me ponen los pelos de punta. Al entrar allí, lo primero que te hacían leer era “El Capital” (…). Según el discursito que nos soltaron, la música folk estaba íntimamente ligada a la sociedad y al movimiento radical. ¡Ya ves tú! En cuanto llegaba a casa, me esforzaba en leer a Marx. Pero no entendía nada. Aquello era peor que el modo condicional. Desistí a la tercera página. En la siguiente reunión dije que lo había leído pero que no había entendido nada. A partir de entonces me trataron de imbécil: que no tenía conciencia de los problemas, que me faltaba conciencia social… No bromeo. Y todo por decir que no entendía un texto. ¿No te parece alucinante? »

Pág. 236

El dolor ante la enfermedad y el sentimiento de culpabilidad es otro de los temas que trata. A través de la figura de Midori, aprovecha para criticar a aquellas personas que dan lecciones morales y que, por el contrario, son incapaces de empatizar hacia quienes se dirigen.

«Es culpa del hospital. –Midori miró a su alrededor–. Os pasa a todos los que no estáis acostumbrados. El olor, el ruido, el aire cargado, la cara de los enfermos, la tensión, la decepción, el sufrimiento, la fatiga. Es debido a eso. Todas estas cosas bloquean el estómago y a uno le hacen perder el apetito. Pronto te acostumbrarás. Uno no puede cuidar a un enfermo a menos que coma bien. Yo eso lo sé porque he cuidado a cuatro personas: a mi abuelo, a mi abuela, a mi madre y a mi padre. Es muy posible que ocurra algo y no pueda tomar la siguiente comida. Así que uno debe comer lo que le pida el cuerpo.
–Ya te entiendo –intervine.
–Cuando vienen de visita mis familiares y comemos aquí juntos, todos dejan la mitad del plato. Como tú. Y cuando ven que yo lo como todo, ¿sabes qué me dicen? «Oh, Midori. ¡Qué suerte tienes de estar tan bien! Yo me siento tan conmovida que no puedo comer» ¡Pero quien cuida al enfermo soy yo! No es broma. Los demás se limitan a venir de vez en cuando a compadecerse. Y yo soy quien le quita la mierda, le saca las flemas y le enjuga el cuerpo.»

Pág. 247

Otro de los grandes problemas que tiene el país nipón es su tasa de suicidios. Y más en gente joven aparentemente risueña y feliz que, de manera inesperada, se arranca la vida llevándose con ellos un pedazo de sus familiares y amigos. Ante tal paradigma, quienes sobreviven al suicidio de un ser querido no pueden hacer otra cosa que resignarse y normalizar una situación inexplicable mientras aprenden a vivir de nuevo.

Pero, si encontramos un verdadero hilo conductor en la novela, es, sin duda, el paso del tiempo. Toru Watanabe es la encarnación de una evolución psicológica de alguien que, debido a las circunstancias con las que se topa en su camino, se quema poco a poco. En él encontramos desde la figura del joven estudiante escéptico con el sistema del que forma parte, hasta alguien que pierde la noción de su realidad y se ve ante la encrucijada ineludible: cómo encaminar su destino ante un calendario que avanza frenético.

El contraste entre la vida relajada de Naoko en el bosque y el día a día de Watanabe junto a Midori en la ciudad refuerza esa idea de nostalgia. El protagonista no se convierte más que en un peregrino que busca un hogar sin saber dónde –o en quién– encontrarlo.

«Siempre he amado a Naoko, y la amo todavía. Pero lo que existe entre Midori y yo es algo definitivo. Es una fuerza a la que me cuesta resistirme, y me da la impresión de que seguirá arrastrándome en el futuro. El amor que siento por Naoko es plácido, dulce y transparente, pero mis sentimientos por Midori son de una naturaleza muy distinta. Se levantan y andan, respiran y laten. Me sacuden de los pies a la cabeza. No sé qué hacer.»

Pág. 349

Es por ello necesario pararse, pensar y elegir aquello que nos va a reconfortar con la única vida que tenemos por delante.

«Puedo decirte por experiencia que estas oportunidades aparecen dos o tres veces en la vida, y, si las dejas escapar, te arrepentirás para siempre.»

P.ag. 351

En definitiva, Tokio blues es la esencia propia del ser humano: amor, sexo y sentimientos que nos ayudan a evitar la oscuridad.

4 comentarios

  1. Hola Santi!
    Parada obligatoria en tu blog al ver que habías reseñado a Murakami.
    No he leído ninguna novela del autor pero sí he visto muy buenas opiniones de sus obras.
    De hecho tengo Tokio Blues esperando en la estanteria…
    Hay tantos buenos libros que la lista de pendientes se agranda por días jeje

    Gracias por compartir tus impresiones, una vez más, más razones para leer a Murakami 🙂

    Besetes!

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    1. ¡Hola, Vanesa!

      Siempre es un placer verte por aquí. Me alegro mucho de que te hayas pasado a leer la reseña y que la hayas disfrutado. Espero que leas pronto a Murakami. Era mi primer acercamiento a su obra y no me ha defraudado, así que repetiré pronto.

      ¡Un besazo!

      Le gusta a 1 persona

  2. ¡Hola, Santi!

    Hoy no coincido con tus opiniones. Leí esta novela hace unos años y me costó un mundo acabarla. Es cierto que refleja la sociedad japonesa, el estrés, la depresión… pero para mí es una historia demasiado lenta, intensa, descriptiva. No he vuelto a probar a leer nada del autor porque intuyo que serán todas sus novelas similares, por lo poco que sé.

    Un beso

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    1. ¡Hola, Sandry!

      Un placer verte por aquí. Hasta lo que yo sé, pues es mi primer contacto con Murakami, es cierto que dicen que es su obra menos “reflexiva”, así que imagino a lo que puedes referirte. Como digo siempre, “para gustos los libros”, y nunca está de más compartir diálogo.

      Me alegra leerte y saber tu opinión.

      ¡Un abrazo grande!

      Me gusta

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