Estupor y temblores: frivolidad como escape

Portada Estupor y temblores
  • Editorial: ANAGRAMA
  • Páginas: 144
  • Edición: 2000
  • Género: Narrativa
  • Autora: Amélie Nothomb

¡Hola, nómadas!

Hoy os hablo de una novela hecha para la controversia, la carcajada y, sobre todo, la crítica sutil y mordaz: Estupor y temblores, de Amélie Nothomb.

Sinopsis

Estupor y temblores narra la historia, de manera autobiográfica, de una joven belga que empieza a trabajar en Tokio dentro de una gran compañía japonesa.

Pero en una sociedad tan jerarquizada como la nipona, la protagonista verá sus aspiraciones frustradas debido a una doble problemática: su condición de mujer occidental, hecho que la convertirá en un objetivo fácil sobre el que verter humillaciones, y una progresiva degradación laboral con tareas cada vez más surrealistas.

Reseña – Estupor y temblores

Leer es viajar, acercarse y descubrir —desde una perspectiva diferente— culturas ajenas a nuestro día a día. Fue así como me zambullí en el trabajo de Nothomb y me trasladé al Tokyo que refleja en Estupor y Temblores.

A través de pasajes efímeros, el lector se cuela en la rutina de una joven europea que, ilusionada y pensándose en tierra prometida, empieza a trabajar en una multinacional nipona.

El estilo de Nothomb, así como la extensión de la propia novela, propician un ritmo vertiginoso. La narración en primera persona es el medio perfecto para lograr la empatía y afinidad hacia la historia personal de la protagonista. Con una prosa delirante, descacharrante y atrevida, crea un mundo totalmente aparte dentro de la atmósfera asfixiante en la que transcurren sus días.

El contraste entre la mentalidad occidental y la oriental se hace patente conforme se suceden los párrafos. Esta idea se erige como el eje principal sobre el que se desarrolla todo lo que acontece. La ambición personal por crecer y destacar se ve como una ofensa al conjunto de la sociedad, y más si proviene de alguien foráneo.

Ello lleva a una situación de rencor, toxicidad e hipocresía en la que, cuando alguien que ha pasado años sufriendo el acoso de sus superiores llega a un puesto de cierta responsabilidad, ve el momento perfecto para vengarse y volcar sus frustraciones en sus inferiores, justificando cada acción con el archiconocido «yo he pasado por esto antes de llegar a aquí».

El conjunto se materializa a la perfección en la relación que guardan Amélie y la señorita Mori —su responsable y figura en la que mejor encarna la evolución psicológica la escritora—. Cada personaje parece una caricatura de la realidad. La habilidad narrativa y su propia experiencia nos regalan diálogos hilarantes en los que se impone lo absurdo.

Pero, lejos de convertir la novela en una parodia constante, la belga reflexiona —de manera brillante— sobre el estilo de vida y las costumbres japonesas, invitándonos a nosotros mismos a esbozar una idea de lo que supone el país del sol naciente.

Ante un panorama en el que ve la vida pasar, el sentido del humor es la vía de escape a través de la que canalizar la frustración y la tristeza por no ser más que un engranaje más.

Otro de los mares en los que se sumerge la escritora es en el papel de la mujer japonesa, quien, haga lo que haga, se verá siempre con la etiqueta que le coloca una sociedad bajo el yugo y el ideario masculinos.

«No: si por algo merece ser admirada la japonesa  —y merece serlo— es porque no se suicida. Conspiran contra su ideal desde su más tierna infancia. Moldean su cerebro:

«Si a los veinticinco años todavía no te has casado, tendrás una buena razón para sentirte avergonzada», «si sonríes perderás tu distinción», «si tu rostro expresa algún sentimiento, te convertirás en una persona vulgar» …»

Pág. 72

Si hay algo que identifica a la población japonesa es, tristemente, el suicidio. En una de sus divagaciones, Amélie expone al lector la honorable imagen que resulta del hecho de quitarse la vida.

«En Japón, es sabido que el suicidio constituye un acto de gran honor. Y no se te ocurra pensar que el más allá es uno de esos alegres paraísos descritos por los simpáticos occidentales. Nada es tan estupendo en el otro lado. Para compensar, piensa en lo que realmente merece la pena: tu reputación póstuma. Si te suicidas, tu reputación será deslumbrante y se convertirá en el orgullo de tus allegados. Ocuparás un lugar de honor en el panteón familiar: ésa constituye la mayor esperanza que puede albergar un ser humano.»

Pág. 77

Como toda consecuencia, esta tiene su desencadenante en un estilo de vida marcado por y para la empresa. Sin tiempo para ellos mismos, los japoneses consumen su llama vital embutidos en vagones atestados y oficinas con trabajos anodinos.

«Como todo el mundo sabe, Japón es el país con la mayor tasa de suicidios. Personalmente, lo que me sorprende es que no sea todavía más frecuente. 

¿Y, fuera de la empresa, qué les esperaba a aquellos contables de cerebro lavado por los números? La cerveza obligatoria con colegas tan trepanados como ellos, horas de metro abarrotado, una esposa que ya duerme, el sueño que te aspira como el desagüe de un lavabo que se vacía, las escasas vacaciones en las que nadie sabe qué hacer: nada que merezca el nombre de vida.

Y lo peor es pensar que a escala mundial esta gente son privilegiados.»

P.ag. 125

La idea de respeto a la autoridad es llevada a tal extremo que, ante una situación de injusticia y abuso, quien no se ve afectado por la situación prefiere agachar la cabeza y desviar su atención con tal de no verse salpicado.

«¿Acaso no era lo peor comportarnos como lo hacíamos, asistir sin rechistar a aquel degradante espectáculo, acaso no era lo peor nuestra absoluta sumisión a la autoridad?»

Pág. 93

Estupor y temblores viene a alejarnos de la idea mística y cívica que, desde los estereotipos que nos han inculcado, podemos tener de Japón. Nada mejor como la vida misma para sentir la realidad tal y como es: un torrente de momentos en el que navegamos o que nos arrastra a la deriva hacia la inmensidad del océano.

Y, todo esto, con una prosa impecable y delirante que autentifica a una de las escritoras más sobresalientes.

Chapeau, Amélie-san.

3 comments

  1. Hola Santi!

    Cuando he empezado a leer la sinopsis he pensado: esto ya lo “conozco”.
    Y es que me ha llamado mucho la atención que, justamente este año de mi carrera, hemos estudiado los sistemas laborales de muchos países, entre ellos Japón.
    Creo que me puede gustar bastante esta novela, además es cortita y se puede leer entre libro y libro jeje
    Su trasfondo crítico con la cultura laboral japonesa me llama mucho la atención.
    Desde luego no le quitaré ojo y en cuanto pueda me haré con ella.
    Estupenda reseña 🙂

    Besetes!

    Me gusta

  2. Hola nómada,
    Me habían recomendado muchísimo este libro y, después de tu genial reseña, se cuela en la fila casi por obligación y pasa a ser mi siguiente lectura del 2019.

    Creo que me va a encantar!

    Le gusta a 1 persona

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