Las letras entornadas: una invitación a pasar

¡Hola, nómadas! Ya podéis leer en la web la reseña sobre «Las letras entornadas», de Fernando Aramburu.
Portada Las letras entornadas
  • Editorial: TUSQUETS Editores
  • Páginas: 296
  • Edición: 2015
  • Género: Narrativa
  • Autor: Fernando Aramburu

¡Hola, nómadas!

Estrenamos 2019 en La Casa del Nómada, y lo hacemos con Las letras entornadas, de Fernando Aramburu.

Sinopsis

Aramburu narra, con tintes autobiográficos, los encuentros entre un joven y un anciano donde comparten conversaciones sobre las obras que deberían ser la base de cualquier biblioteca. Cada diálogo es una puerta que dirige a un autor, libro o personajes distintos. Pero, lejos de hablar “solo” de libros, se producirá una incisión que dé lugar a reflexiones sobre la vida y sus placeres.

Reseña – Las letras entornadas

Ante el panorama gélido de enero, no hay mayor placer para el lector que refugiarse en el calor de una lectura diferente.

Aramburu plantea un escenario donde un joven —el propio escritor— y un Viejo —como le gusta llamarle— comparten coloquios en los que desgranan obras, escritores, teorías y, en definitiva, la vida misma.

Con tan sencillos intrumentos, el guipuzcoano crea un ambiente propicio para convertirnos en testigos privilegiados de todo lo que acontece en el salón del Viejo.

Cada capítulo sigue la misma estructura: una breve introducción en la que los dos protagonistas presentan el tema sobre el que van a debatir —siempre acompañados por no menos de dos botellas de diferentes vinos— y un texto posterior en el que el literato exhibe su interior a un ritmo suave.

Quizá sea esto último lo que más me cautiva del estilo aramburiano — permítanme el empleo de esta expresión—. La armonía con la que cincela sus obras las convierte en algo mucho más profundo que una narración que gusta o no. El literato es capaz de poetizar la prosa y transmitirnos su realidad con una facilidad pasmosa. Ejemplo de ello es una de las primeras intervenciones que nos encontramos, donde vuelca el orgullo de haber nacido en una ciudad marítima.

«El mar era también un olor agradable que se respira por las calles. Era baños y fútbol playero. Era pesca con caña, paseos en bote y la prueba de que el mundo contiene hartas más cosas de las que le ofrece a uno la rutina diaria. El mar parece invitarnos a no aceptar ataduras, a descubrir tierras remotas y perder de vista los semblantes y las costumbres de siempre. Implica, es cierto, una idea particular de libertad.»

Pág. 14

Desde la nostalgia, evoca los recuerdos de una existencia humilde en el seno de una familia trabajadora durante una época convulsa, convirtiendo su reminiscencia en una crítica certera hacia la incoherencia de los actos y un ensalzamiento del salvavidas que supone la cultura para la sociedad.

«Con los medios escasos de que disponíamos aún me cuesta creer que años más tarde me fuera dado esquivar la suerte a que, por mi nacimiento humilde, estaba probablemente destinado. A mí me sacaron del pozo los libros y el estudio del idioma. No tardé en aprender dos cosas: una, a no fiarme de los señoritos revolucionarios que viven como reyes y lavan su mala conciencia disfrazándose, cuando lo pide la ocasión, con monos de trabajo; y dos, que en cualquier modelo de sociedad el hombre sin cultura se lleva siempre la peor parte, si es que se lleva algo.»

Pág. 17

Hilando con su infancia y la formación recibida, aprovecha Aramburu —con cierta ironía— para apuntar a las obligaciones de los más pequeños en su día a día, no sin dejar pasar la ocasión para cuestionar el sistema educativo y el papel que toma la lectura dentro de este.

«No oigo voces que argumenten contra la obligación que tienen los niños de asistir al colegio. Les guste o no, se aburran o se diviertan, lo cierto es que cada día laborable, a hora temprana, los pequeños han de abandonar la placidez de sus camas para congregarse en un edificio de su localidad o de una localidad vecina donde un equipo de adultos se saca un sueldo asignándoles actividades que, con frecuencia, acabada la jornada escolar, se prolongan en forma de deberes para casa.

…Por lo regular, los padres admiten sin reservas que sus hijos se ejerciten en el manejo de los números. Les parece bien que agreguen al idioma vernáculo el conocimiento de otros. Que sepan un poco de animales, de leyes físicas, de Grecia y Roma. Que brinquen y corran al compás de un silbato. Pero… ¿leer a la fuerza un libro de literatura, el Quijote y esas cosas? Ah no, eso sí que no, pues no faltaba más. Leer a la fuerza es una aberración.»

P.ag. 25

Pero, si hay un tema clave en la vida y obra del escritor, ello es el terrorismo de ETA. De todo lo abordado, hay dos episodios que, desde una perspectiva filantrópica, acercan al lector a la humanidad de quien ha sido testigo de la barbarie.

El primero acontece en 1996, cuando la clásica librería Lagun —a la que el propio escritor guarda un especial cariño— fue blanco de uno de los múltiples ataques de los radicales. Ante tal atrocidad, fueron los vecinos quienes se amontonaron a las puertas del establecimiento —haciendo así frente a la violencia— esperando su turno para adquirir los libros rotos y calcinados.

El segundo muestra la perspectiva del creador literario que muestra, desde un encuadre situado en el ojo del huracán, qué supone para él la motivación ideológica que lleva a alguien a convertirse en un ser desalmado.

«No necesito más sino amar con entusiasmo la variedad humana. La amo con la misma fuerza con que aborrezco la pureza de las razas, de los pueblos, de las ortodoxias y de cuanto afianza en los individuos la estulta pero peligrosa convicción de superioridad de unos grupos humanos frente a otros.»

Pág. 57

Tal y como se menciona en la sinopsis, el tema conductor es la literatura y los innumerables caminos que esta abre. Una de estas vías es la de escape. Simbolizada a través de la relectura de aquellas obras que tanto nos han marcado, el donostiarra viene a reforzar la idea de la lectura como reconciliación con nosotros mismos más allá de si esta está o no valorada por la crítica fehaciente.

«¿Cabe, por lo demás, mayor reconocimiento al esfuerzo de un escritor que volver de vez en cuando a sus obras? Y quizá no sea el libro perfecto ni el jaleado por los tasadores de la literatura el que despierte en nosotros el apetito de releer, sino aquel otro que, con independencia de la consideración que merezca a los expertos, nos dejó una impronta en la conciencia, nos ayudó a entender un poco el mundo y a entendernos, o simplemente contiene unos restos, de otro modo perdidos para siempre, de nuestro pasado.»

Pág. 75

Pero, ¿qué sería de las historias que tanto bien nos hacen sin esa vocación por la que brillan? El paso de los años y la perseverancia en la práctica de la escritura moldean cada historia que sale desde un corazón para llenar el nuestro, puesto que pocos gestos hay más altruistas que compartir las divagaciones que afloran en nuestro yo más intrínseco.

En definitiva, Las letras entornadas es una pieza de orfebrería hecha por y para quien sienta verdadera devoción hacia la literatura pura y dura.

6 comments

  1. Fantástico libro, Santi, y muy buen reseña. No me extraña que el autor esté agradecido (lo he visto en Twitter). Es un gran placer abundar en la obra de Aramburu y no quedarse solo en Patria, aunque sea una novela difícilmente superable. Las letras entornadas es un libro magnífico, como Años lentos, que también te recomiendo. Yo estoy deseando leer Autorretrato sin mí. Muy buena tarde a todos los nómadas que, sin embargo, se hacen sedentarios con un buen libro; éste, por ejemplo.

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    1. Es un placer leer estas palabras. Tenemos la suerte de poder disfrutar de la obra de un escritor increíble y contemporáneo. Cuando un escritor (o escritora) gusta, es imperdonable no profundizar en su obra. Los títulos que me comentas los tengo apuntados para disfrutarlos en cuanto me sea posible.

      Muchas gracias por pasarte a comentar y disfrutar del rato de lectura.

      Un abrazo grande.

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  2. He de reconocer que me gustó más que PAtria. Me pareció una lectura íntima, personal e inteligente, y con mucha miga.
    Me gusta mucho el escritor, del que también he leído Autorretrato sin mí, que también lo es, pero además dotada de una pincelada poética y un halo nostálgico perfecto.
    Besos.

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    1. Coincido contigo en que me han parecido lecturas totalmente diferentes dentro del mismo autor que es Aramburu. Tengo un par de títulos suyos apuntados para seguir descubriéndole (entre ellos el que mencionas).

      Muchas gracias por pasarte a comentar y, por supuesto, a leerme.

      Un abrazo grande.

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  3. ¡Hola Santiago!
    Sólo he leído Patria de Fernando Aramburu pero me gustó mucho, tengo ganas de probar otros libros suyos. Me han hablado muy bien de sus libros anteriores como “Los peces de la amargura” pero este también lo tendré en cuenta porque me han encantado los textos que has extraído.

    Un saludo

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    1. ¡Hola, Sandry!

      Al igual que tú, me gustó tanto “Patria” que necesitaba investigar un poco más la obra de Aramburu. Tuve la suerte de encontrar esta obra en la estantería, y bendita coincidencia. Ahora ya tengo “Años lentos” a la espera y casi seguro que también cae “Autorretrato sin mí”. Muchas gracias por pararte a comentar y, sobre todo, leer. Espero que lo tengas en cuenta y que disfrutes de la calidad literaria de Aramburu más allá de su obra más laureada.

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