Quién de nosotros

quien_de_nosotros
Editorial: DEBOLSILLO
Páginas: 112
Edición: 2015
Género: Narrativa
Autor: Mario Benedetti

¡Hola, nómadas!

¿Tenéis ganas de leer este fin de semana pero no sabéis el qué? Quizá la reseña que os traigo os ayude a decidiros. Hoy os hablo de la primera novela de Mario Benedetti: ¿Quién de nosotros?

Sinopsis

En su primera novela, el uruguayo nos expone ante un triángulo amoroso conformado por Miguel, Alicia y Lucas, quienes, de manera irónica y reflexiva, hacen un recorrido por la soledad humana a través del amor, la amistad y —cómo no— la nostalgia.

Reseña – Quién de nosotros

Fue gracias a Ricardo Carrión y su post sobre «¿En qué orden leer a Benedetti?» como me decidí a dar el paso con la primera novela del de Paso de los Toros (Uruguay). Así que, antes de entrar en materia, aprovecho para mandarle un abrazo transatlántico al bueno de Ricardo, cuyo blog os recomiendo seguir para disfrutar y descubrir la buena literatura.

Quién de nosotros levanta su trama en tres partes totalmente distintas: la de Miguel, la de Alicia y la de Lucas. Una de las cosas que más me han impactado y convencido respecto a la estructura de la obra es que, para cada parte, Benedetti utiliza un recurso literario totalmente distinto.

Con Miguel —el pasaje más extenso—, emplea un monólogo interno con el que situar al lector ante el marco que respecta a la realidad de los protagonistas. A través de la nostalgia, narra en primera persona todas las casualidades que han acontecido en su vida y que le han brindado el presente tal y como es. El derrotismo patente nos ayuda a entrever el porqué de los sucesos —desde la perspectiva del personaje— y, con una mezcla de pesar e incomprensión, nos hará preguntarnos cómo es posible que alguien deje pasar su vida.

«Lo cierto es que la vida —¡qué indecente resulta nombrarla así, como si fuera una divinidad, como si encerrase una esotérica significación y no fuera lo que todos sabemos que es: una repetición, una aburrida repetición de dilemas, de rostros, de deseos!— lo cierto es que la vida desde el principio me sacó ventajas y yo no he podido ni podré jamás recuperar el terreno perdido.»

El amor, la amistad y el paso del tiempo centran el discurso de un Miguel que se arrepiente de haber conducido así sus pasos pero que, sin embargo, se ve incapaz de encontrar la solución que requiere su atolladero.

«Con Teresa sí tengo que ver, pero —claro— no me satisface. No puedo dejar de unir mentalmente a Alicia con mi concepto acerca del mundo. Al menos, ella es el mundo que he deseado conquistar y al cual he permanecido ajeno. Teresa me pertenece, pero Teresa es un cuerpo, no el mundo.»

No obstante, también se abordan otros conceptos como la crítica a las falsas apariencias que buscan encantar a los demás y la —curiosamente— pasividad del ser humano y su estrecha relación con la felicidad.

«Martín jamás me desconcierta. No es muy inteligente ni sensible y gozará despreocupadamente de la vida; vivirá sin enterarse de su insignificancia, y esta es una variante, acaso la única posible, de la felicidad.»

«Como casi todos los autores que yo leía, me aburrió bastante. A pesar de ello, quise terminarla. Solo por Alicia, procuré formarme una opinión, documentarla. Releí el libro llenando los márgenes de señales, de ingenuos pretextos para fijar el interés. Pero cuando, al devolvérselo, empecé a detallar mis impresiones, ella me detuvo con un gesto ambiguo y revelador: «Oh, no te esfuerces». Un detalle insignificante. Sin embargo, experimenté tanta tristeza como alivio. Con ese fracaso había dado fin a mi agitación, a mi disparatado intento de ser ante ella lo que no era ante mí mismo.»

En Alicia encontramos la parte más irónica de la obra. Mediante una carta cargada de intenciones —y con una pincelada de morriña—  se desnuda emocionalmente ante Miguel —y, por ende, ante el lector—.

Es aquí donde me he topado con el aspecto más humano de la obra y el que más me ha transmitido. Pese a la breve extensión de la misiva —también en primera persona—, esta se convierte en un inagotable manantial de sentimientos encontrados. Desde el amor puro hasta el reproche por haber dejado pasar la mayor oportunidad de sus vidas para alcanzar la eternidad, la tinta de Alicia reflexiona sobre los daños colaterales que produce un alma gris. 

«A veces me he preguntado de quién o de dónde te vendrá ese modo oblicuo de vivir la vida, que te hace a la vez tan atrayente como despreciable. Ni favoreces la corriente ni te opones a ella. Siempre eliges el sesgo más incómodo, el de testigo implicado»

Por último, Lucas se presenta con un recurso metaliterario. En un alarde imaginativo, convierte su encuentro con Alicia en un relato que completa con notas aclaratorias a pie de página.

Con esta praxis sensacional de creatividad, Benedetti corona su primera novela con la extravagancia de alguien que necesita literaturizar todo lo que acontece a su alrededor. Como tema principal figura la propia literatura; el protagonista se debe a su pasión por escribir  —ya sea de manera fidedigna o adornada—. Aun así, se abre un resquicio para otros temas como el dardo cargado de sarcasmo que lanza a esos escritores que rellenan el contenido de su pieza para meter con calzador una frase que suena bien.

««Ves», dijo Lucía, «él también sabe que no sirve, pero nos gusta. Lo único válido es eso: Y quedes Tú si quedo Yo. Lo demás es una lata, solo un pretexto para decir ese final.»»

Antes de marcharme, me gustaría transcribir uno de esos diálogos que, en su contexto, resumen la esencia de una obra entera:

«—Eso es defenderse.

— ¿De quién?

No sabía de quién. Hay una defensa inmemorial, renovable y temblona, un síntoma exacto de la vacilación. Así se preserva uno del error puro, del error sin prejuicios, de lo que puede no estar bien en lo que va a venir.

—No sé de quién. No sé si eso es defenderse de mí, de Andrés o de vos misma. Pero antes arremetías en vez de defenderte.

Ella balanceó la cabeza; como si se hubiera puesto a comparar el pasado y el presente y no pudiera decidirse.

—Antes éramos increíblemente tontos. Dejábamos que todo pasara y solo hallábamos fuerzas para charlar, para escuchar cómo charlaban los otros.

—¿Y ahora charlas mucho con Andrés? ¿O te has vuelto menos tonta?

A ella le gustó la voz jovial del ataque. La cara se aflojó un poco, como demostrando que podía parecerse a la otra Claudia.

—Eso también es defenderse. Esto también es haber cambiado. Antes me hubieras confesado que estabas esperando que te hablara de Andrés.

—Ahora soy el Otro.

—¿Y antes?

—Tal vez no era nada. Pero el Otro era él.»

Quién de nosotros es el origen de la prolongación —en forma de prosa— del estilo lírico de Benedetti. Con una trama sencilla, el uruguayo atrapa al lector en un ambiente cargado de nostalgia, amor, amistad y reflexiones que guardar muy adentro de uno mismo.

4 comments

  1. Hola Santi, una vez más, estupenda reseña.
    Me han encantado todos los fragmentos que incluyes. Soy fan total del sarcasmo y la ironía. Magistral manera de hacer reflexión y crítica social.
    Por otra parte, bravo a esta frase: “la extravagancia de alguien que necesita literaturizar todo lo que acontece a su alrededor.”
    Me lo apunto y sigue así porque lo haces maravillosamente.

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  2. ¡Ay, Benedetti!
    No he leído ningún libro de este autor, pero si que me he encontrado con fragmentos de sus obras y es cierto que su pluma tiene un “no se qué, que qué se yo”.
    Es su melodía especial cuando juega con las palabras…
    A ver si algún día me cruzo con un libro de él y me envalentono 🙂

    Besetes!

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