Narrativa, Reseñas

Tierra de los hombres

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Editorial: BERENICE
Páginas: 159
Edición: 2016
Género: Narrativa Contemporánea
Autor: Antoine de Saint-Exupéry

¡Hola! Hoy os traigo la reseña de mi tercera lectura del año; Tierra de los hombres, de Antoine de Saint-Exupéry. 

Pero, antes de pasar a hablaros del libro, me gustaría darles las gracias a Chica Sombra por darme la oportunidad de escribir esta reseña que podéis ver en su blog desde hace unos días (al que recomiendo que sigáis desde ya) y a la editorial Berenice por facilitarnos un ejemplar de la obra.

Sinopsis

En diciembre de 1935, Antoine de Saint-Exupéry sufrió un accidente aéreo en el Sáhara junto a su amigo André Prévot mientras volaban desde Nueva York hacia Tierra de Fuego. Tras varios días en coma, el piloto francés escribió Tierra de los hombres desde el punto de vista de aquel que observa el mundo desde la cabina de su avión.

En su novela, Saint-Exupéry escribe sobre temas que evocan a la vida, al duro aprendizaje del oficio de aviador, homenajea a sus compañeros Mermoz y Guillaumet y rememora su dura experiencia en el Sáhara junto a su amigo Prévot.

Reseña – El viejo y el mar

He de reconocer que este libro me llamó la atención por su sinopsis y por el diseño de su cubierta. Cuando Tamara me dio la oportunidad de reseñarlo, no lo dudé un instante y me lancé a conocer más sobre la vida y obra del autor de El Principito.

En Tierra de los hombres he disfrutado de tres partes diferenciadas en la misma novela. Pero, antes de analizar y hablaros sobre lo que me ha parecido cada una de ellas, me gustaría profundizar en los aspectos generales del libro.

A simple vista, el vocabulario parece sencillo. Pero, para saber disfrutar de la lectura, el lector debe interpretar bien los dobles significados y las metáforas que plantea el autor francés. Las oraciones y las construcciones son más largas de lo habitual. Por ello, es necesario leer con calma para entender así lo que nos quiere decir Saint-Exupéry con cada palabra.

Cabe destacar que, al ser una obra autobiográfica, cada acción y cada diálogo tienen una mayor carga de veracidad que nos ayuda a introducirnos de lleno en la trama y en las experiencias descritas por el piloto a lo largo de cada capítulo.

Pese a su breve extensión, se diferencian claramente tres partes distintas en la novela. La primera de ellas se centra en las vivencias que, como piloto, ha sufrido en diversas partes del mundo. Antoine nos invita a viajar desde Argentina hasta Túnez mientras nos habla de todo lo que ha vivido y disfrutado desde su cabina. El aspecto que más me ha gustado es que, al final de cada capítulo, utiliza una metáfora y nos habla de hechos simples de una manera poética y sin adornos innecesarios. Saber disfrutar de la soledad y del amor, la felicidad de los pequeños gestos, la camaradería, el compañerismo y la memoria se tornan fundamentales en la plenitud del ser humano. Así, con una lección de humildad, el francés nos deslumbra con su tesis sobre un apartado de la dignidad del hombre desconocido por mí hasta ahora.

En la segunda parte nos expone su experiencia con Prévot en el Sáhara tras su accidente. Aquí es donde podemos identificar una estructura en la que predominan la acción y la tensión. Con sus palabras, Saint-Exupéry es capaz de hacernos sentir la angustia del que se siente abandonado a su suerte en un océano de arena y soledad. Además, y salvando las distancias, este fragmento me recuerda a lo vivido por Mark Watney en El Marciano de Andy Weir. 

Pero si hay una parte que destaca en el libro, para mí es sin duda lo acontecido en las últimas páginas. Hasta ese punto he encontrado una lectura interesante y reflexiva, pero llegado aquí, el escritor ha sabido cómo conquistar mis sentimientos despertando en mí una sensación de necesidad imperiosa por compartir sus palabras con vosotros. Es impresionante la reflexión final que hace sobre lo absurdo de la mayoría de las acciones del hombre. Centrándose en el compañerismo, nos habla de la impotencia de ver cómo se producen guerras, disputas y confrontaciones entre sociedades, hermanos y vecinos para que, al final, todos salgan derrotados y pierdan la esencia de ser humanos. 

Para ilustraros mejor sobre esto, me gustaría compartir dos fragmentos pertenecientes a la parte final del libro. El primero de ellos no necesita introducción alguna. Es claro, sincero y directo.

¿Para qué discutir de ideologías? Si bien todas pueden ser demostradas, también todas se oponen entre sí, y son este tipo de discusiones las que hacen desesperar de la salvación del hombre, cuando el hombre, a nuestro alrededor, en todas partes, presenta las mismas necesidades. 

Por su parte, el segundo ejemplo es más delicado. En un viaje de tren, el propio Saint-Exupéry visitó un vagón en el que se amontonaban ciudadanos polacos a los que habían repatriado desde Francia a su país natal. Después de una breve reflexión sobre lo que podía haber sido la vida de aquellos hombres y mujeres hasta ese punto, el piloto se fija en un niño pequeño al que decide llamar Mozart y al que hace protagonista de las siguientes palabras.

Y regresé a mi vagón. Me dije: esa gente apenas sufre por su suerte. No es la caridad lo que me inquieta. No se trata de enternecerse frente a una herida que siempre vuelve a abrirse. Quienes la sufren no la sienten. Es más bien a la especie humana y no al individuo a quien se hiere aquí, a quien se perjudica. Apenas creo en la piedad. Lo que me angustia es el punto de vista del jardinero. Lo que me atormenta no es esta miseria en la que, después de todo, uno se instala tan bien como en la pereza. Generaciones de orientales viven en la mugre y se complacen en ella. Lo que me angustia no lo curan los comedores de beneficencia. Lo que me atormenta no son estos huecos, ni estas jorobas, ni esta fealdad. Es Mozart, un poco asesinado en cada uno de estos hombres. Solo el espíritu, si sopla sobre la arcilla, puede crear al Hombre.

Para despedirme, me gustaría señalar que esta breve reflexión me recuerda a una que ya compartí con vosotros y que da comienzo a Por quién doblan las campanas, de Hemingway.

Espero que os haya gustado la reseña y que os animéis a comentar y a disfrutar de esta lectura.

¡Un abrazo! ¡Hasta pronto!

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